martes, 21 de febrero de 2012

Dijeron parvovirus


Y sentía tu alma pulcra y triste
como sientes la luna que se desliza calladamente
detrás de los visillos corridos.
Y sentía tu alma pobre y encogida,
como un mendigo, con la mano tendida delante de la puerta,
sin atreverse a llamar y entrar,
y sentía tu alma frágil y humilde
como una lágrima vacilando en el borde de los párpados,
y sentía tu alma ceñida y húmeda por el dolor
como un pañuelo en la mano en el cual gotean lágrimas,
y hoy, cuando mi alma quiere perderse en la noche,
solamente tu recuerdo lo detiene
con invisibles dedos de fantasma

A los 4 años, vivi en florencio varela. Teniamos una casa, con un enorme jardín. Había una higuera, naranjos, limoneros, y una zarzamora.
Mi papá me regalo un perro cachorro de mantonegro. Un dia acompañe a la veterinaria a mi Padre, llovía y era de noche. El pequeño perro agonizaba en su hombro.
Dijeron parvovirus. Volvimos solos en la oscuridad. Mi Padre no hablaba, nunca hablo demasiado. Al pasar por el patio, pude ver la cucha del animal. Había sangre, excrementos, vomitos. Todo lo que pude hacer, fué pisar los higos caidos.
Por la mañana, como si nunca hubiera existido, la cucha ya no estaba. Todo estaba limpio y ordenado. La muerte de lo amado no era mas fuerte que el ritmo de los días que pasaban. Una tarde, entré en el cuarto que no se usaba, allí, arrumbada, cubierta por los mismos trapos, que antes estuvieran adentro, estaba la cucha construida por mi Padre. Todo lo que pude hacer, fue correr hacia ella y refregarme todos aquellos trapos sucios en la cara; el olor de lo querido, ese olor de hocico nuevo, dulce, y oscuro, me golpeó el cuerpo. Esa noche agonicé en mi cama. Fiebre y temblor.
Entonces me trajeron una tortuga.

2 comentarios:

Patricio Sard dijo...

Rincon de los Enigmas

Descargar Project 64

Butterfly Baires dijo...

Me emocioné y también sonreí.
Nadar aquí, es empaparse del olor de lo querido.